LOS SONIDOS DEL SILENCIO (parte 1)
Esta enseñanza forma parte de la serie
¿Por qué la historia cristiana desapareció tras
la caída de Jerusalén?
Imagine que
está siguiendo el rastro de un incendio voraz que consume el Imperio Romano.
Las chispas vuelan, las cartas circulan, los líderes son martirizados bajo los
focos de la historia. Pero, de repente, al llegar al año 70 d.C., el rastro se
enfría por completo. No hay crónicas, no hay tratados, no hay correspondencia.
Durante cuarenta años —una generación completa—, la pluma de la fe parece haber
caído de manos muertas o, más bien, de manos que ya no pertenecían a este
mundo.
Este "silencio sepulcral" no
es un vacío documental accidental. Para el ojo entrenado del historiador
teológico, este hueco entre el año 70 y el 110 d.C. es la prueba irrefutable de
que el evento más esperado de la fe ya ocurrió. El silencio no es la ausencia
de evidencia; es la evidencia de una ausencia: la de los testigos que fueron
transformados y trasladados a un ámbito donde la tinta y el papel ya no son
necesarios.
1. El enigma del año 70: Cuando la pluma se detuvo
La
historiografía tradicional se estrella contra un muro en el siglo primero. Tras
la caída de Jerusalén bajo las águilas romanas, entramos en lo que he
denominado el fenómeno de los Sonidos del Silencio. Resulta teológicamente
escandaloso que, si el cristianismo hubiera continuado su curso natural en la
tierra, nadie hubiera escrito un solo tratado para decir: "Miren, el
Mesías tenía razón sobre la destrucción del Templo".
Historiadores
de la talla de Willston Walker han calificado este periodo como
"las porciones más oscuras de la historia de la iglesia". Hans
Conzelmann, en su obra Historia del cristianismo primitivo,
admite que no existe rastro histórico entre el 70 y el 110 d.C. Por su parte,
el académico C.F.D. Moule cuestiona cómo es posible que ningún
grupo cristiano capitalizara la destrucción de Jerusalén para probar su fe. La
respuesta que la ortodoxia teme es que no quedó nadie para escribir.
"No
hay transición en la historia tan radical y repentina, pero aun así tan
silenciosa y secreta. El flujo de la historia creyente es, por un corto tiempo,
perdido para nuestra vista y parece haberse enterrado". — Philip Schaff
2. El "Milenio" no fue lo que te
enseñaron
La
confusión moderna nace de una mala traducción y una peor interpretación del
término "milenio".
Esta palabra proviene de la Vulgata Latina, pero el original griego es Chilioi.
En la cosmovisión del primer siglo, esto no aludía a mil años cronológicos
literales, sino a un periodo determinado y establecido por el Padre, un Kiri
etos (un tiempo indeterminado para el hombre, pero fijado por la
divinidad).
Este
periodo fue la transición exacta de 40 años entre la primera venida (30
d.C.) y la Parusía (70 d.C.). Fue la generación que "no pasó" hasta
que todo se cumplió. Quienes hoy miran hacia 1948 buscando el renacimiento de
la "higuera" están
drogados por el opio de la profecía moderna; la verdadera higuera dio sus
frutos cuando los cadáveres de Jerusalén cayeron donde estaban las águilas
romanas en el año 70. El milenio fue el tiempo de preparación para la boda, y
esa boda ya se celebró.
3. David todavía estaba en el Seol (y por qué esto
importa)
Si usted
cree en la visión futurista, tengo una noticia provocadora: su abuela no
está en el cielo. Según Hechos 2:29, el patriarca David seguía en su tumba,
en el Seol (Hades), décadas después de la resurrección de Yahusha. Antes
del año 70 d.C., nadie había ascendido al cielo —con las excepciones proféticas
de Enoc y Elías—. Los muertos se encontraban en un estado de "sueño"
esperando que los portones se abrieran.
Incluso el
ladrón en la cruz tuvo que esperar. La famosa frase de Yahusha en Lucas 23:43
sufre por una coma mal puesta por los traductores. El original debería leerse: "Te digo hoy, estarás conmigo
en el paraíso". Ese "hoy" era el momento de la promesa, pero el ladrón
descendió al Sheol durante 40 años hasta que la Parusía liberó a los cautivos.
Si la resurrección no ocurrió en el siglo primero, entonces David, Moisés y sus
propios seres queridos siguen "durmiendo" en el polvo. El silencio de
la historia tras el 70 d.C. es el grito de que el Sheol fue vaciado.
4. Harpazo: El cese de la existencia terrenal
El término
griego Harpazo, erróneamente traducido como un "rapto"
físico hacia las nubes, es en realidad un término no direccional. Significa un "cese" o ser "tomado" hacia
otro plano. En el año 70 d.C., ocurrieron de forma sincronizada los Cuatro
Grandes Eventos Escatológicos:
- La Parusía: El retorno en gloria.
- La Resurrección: El despertar de los que dormían en el Seol.
- La Transformación: El cambio de los vivos de cuerpos corruptibles a incorruptibles.
- El Juicio: El cierre de la antigua alianza.
No quedaron
cronistas porque el remanente fiel fue promovido al "reino no visto". Es
imposible que miles de personas experimentaran el cambio a la inmortalidad y se
quedaran en la tierra sin escribir una sola palabra, sin cantar, sin
testificar. Si no hay registros, es porque los autores ya no habitaban la
esfera física.
Fuente de la enseñanza
Esta entrada se basa en una enseñanza compartida por el Apóstol Sholiach Moshé Y. Koniuchowsky a través del siguiente material audiovisual (en inglés)
▶️ Título del video: The Sounds of Silence ( first part)
📺 Plataforma: YouTube
🔗 Enlace al video:
https://www.youtube.com/watch?v=umpja_WRNOc&list=PLmdIqfhnNBcPYIFYtGFWmuXUHGJwbAAgy&index=69
Nota editorial
El contenido de esta publicación forma parte de una labor editorial y divulgativa basada en enseñanzas del Apóstol Moshé Y. Koniuchowsky.
Este sitio no se presenta como autor ni como autoridad doctrinal, sino como un medio para difundir en español sus exposiciones, respetando fielmente su enfoque y mensaje. Se anima al lector a examinar las Escrituras y a buscar discernimiento delante de Yahuah.
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