ANALIZANDO LA CARTA A LOS ROMANOS (PARTE 5)

  Esta enseñanza forma parte de la serie

“Romanos 2.0” desarrollada por el Pastor Yoshiyahu Ben Moshé de Azeredo, bajo la supervisión doctrinal del Apóstol-Sholiach Moshé Y. Koniuchowsky.

El orden correcto de la caminata de la Fe:

El Camino de Abraham

1. Introducción: El Equilibrio entre la Amuná (Fe) y la Toráh (Instrucción)

La epístola a los Romanos, legada por el apóstol Shaul, no es un mero tratado administrativo; es una disección quirúrgica de la realidad espiritual del hombre frente a su Creador. Para abordar el capítulo 4 con la profundidad que exige, debemos primero amalgamar las conclusiones del capítulo anterior. Shaul establece una premisa innegociable: la Amuná (la fe que se traduce en fidelidad) no invalida la Toráh (la instrucción divina), sino que la establece en su propósito original. Este concepto es vital para evitar la trampa de la dicotomía religiosa moderna que intenta separar la Toráh de la fe.

Al analizar la recapitulación del capítulo 3, observamos que el verdadero adorador de Yahuah no es aquel que exhibe una piedad externa o una genealogía privilegiada, sino aquel que posee un corazón circuncidado por el Espíritu. Aquí debemos recordar el contexto histórico del primer siglo: Shaul escribía en una era de urgencia escatológica, donde el "misterio de la iniquidad" ya operaba a través de un sacerdocio corrupto y sumiso a fuerzas ajenas. Cabe recordar que, en este periodo, el espíritu del anti-Mesías se manifestaba en aquellos líderes que ocupaban legalmente la cátedra de Moisés, pero cuyos corazones estaban lejos de la justicia. Con la muerte de Jacobo (Santiago), conocido como "el justo" y quien actuaba como el que detenía el caos legalista y la corrupción del Templo, el sistema mosaico externo entró en su fase final de decadencia.

En este escenario de corrupción institucional, Shaul busca diferenciar entre el cumplimiento mecánico de los mandamientos y la transformación interna. Un adorador puede portar los tzitzit y realizar la Brit miláh (circuncisión), pero si carece de Amuná, estos signos son solo representaciones vacías de un teatro religioso. Todos, tanto los judíos como las naciones se hallan bajo el peso ontológico del pecado. La Toráh cumple la función estratégica de revelar la transgresión, pero carece de la potencia para regenerar el espíritu por sí misma. Esto nos conduce inevitablemente a la interrogante que define nuestra existencia: ¿Cuál es el orden correcto en nuestra caminata de fe y cómo determinan los factores de justicia nuestra posición ante Yahuah?

2. El Mito de la Jactancia y la Realidad de la Carne (Vs. 1-2)

Shaul comienza su argumentación apelando a Abraham, el patriarca fundamental, pero lo hace con una precisión exegética asombrosa al analizar su vida "según la carne" antes de su llamado soberano. Este análisis es estratégico: busca desmantelar la meritocracia religiosa que dominaba la mentalidad de sus contemporáneos en Roma.

Vivir "en la carne" (sarx) no es simplemente poseer un cuerpo biológico, sino habitar en un estado existencial donde el individuo opera bajo deseos y voluntades diametralmente opuestas al Espíritu de vida. Es lo que se describe como el "piloto automático" hacia la corrupción. Según la instrucción de Deuteronomio, el hombre se enfrenta a una bifurcación constante entre dos sistemas operativos:

  • El Camino del Espíritu (Vida): Es el sendero de la intervención divina, donde la obediencia no nace de la obligación, sino del amor y la sujeción a la voluntad de Yahuah. Aquí, la Toráh se escribe en el corazón.
  • El Camino de la Carne (Muerte): Es el estado natural del hombre caído que, al carecer de la intervención del Espíritu, sigue sus propios instintos y, paradójicamente, puede intentar usar la Toráh como una herramienta de autojustificación, convirtiéndola en una "ley de pecado y muerte".

Shaul plantea que, si Abraham hubiera sido justificado por sus obras antes de su llamado, tendría un motivo legal para jactarse. Sin embargo, esa jactancia sería horizontal (ante los hombres) y no vertical (ante el Creador). La jactancia humana es la ilusión de que nuestras acciones pueden generar una "factura de cobro" contra el Creador. Si nuestras obras fueran suficientes para cubrir nuestra deuda espiritual, la dependencia de Yahuah sería nula y la fe se tornaría obsoleta. Abraham entendió que su posición ante el Trono no dependía de su esfuerzo muscular, sino de la soberanía de Aquel que lo llamó, preparando así el terreno para el concepto revolucionario de la fe como motor de la justicia.

3. La Transacción vs. El regalo: El Mecanismo de la Justificación (Vs. 3-5)

Uno de los errores más perniciosos en la teología contemporánea es percibir la relación con Yahuah como una transacción comercial. Shaul es enfático al contrastar la "recompensa por deuda" frente al "favor inmerecido". En un contrato laboral, el salario no es un regalo; es un derecho adquirido. Si la justicia fuera por obras, Yahuah se convertiría en un deudor del hombre, una idea que raya en la blasfemia.

Una relación transaccional con el Creador es peligrosa e insuficiente porque presupone que el hombre posee algo de valor equivalente para comprar su redención. Al intentar "negociar" con nuestra obediencia, limitamos la magnitud de la gracia y convertimos la fe en una simple moneda de cambio. La realidad es que el precio de la redención es impagable por medios humanos; es una deuda que el hombre no puede saldar ni con mil años de cumplimiento perfecto de la Toráh.

Como establece la cita de Génesis 15:6 en su contexto original:

"Abraham creyó en Yahuah y le fue contado por justicia".

Este es el pilar de la Amuná. El término "contado" (o imputado) implica una acreditación en una cuenta que estaba en números rojos. La justicia le fue otorgada no por lo que hizo en su propia fuerza, sino por en Quién depositó su confianza absoluta. El "¿Y qué?" de esta sección es transformador: si nos presentamos al juicio basándonos en nuestro "checklist" de obras, seremos hallados deficientes, pues la carne siempre queda corta ante la santidad de Yahuah. La justificación es, por tanto, un regalo soberano que permite al hombre posicionarse como "justo" antes de haber completado una sola obra de la ley, permitiendo que la obediencia posterior sea un fruto del amor y no un intento desesperado de soborno divino.

4. El Estatus del Hombre Justificado: El Testimonio de David (Vs. 6-8)

Shaul refuerza su tesis invocando al Rey David, quien, a pesar de vivir bajo el sistema levítico, comprendía que la justicia verdadera no dependía de la perfección externa de la Toráh. David, un hombre que experimentó la amargura del pecado y la dulzura del perdón, describe un estatus de "bienaventuranza" que trasciende el ritualismo.

En el sistema del Templo, el sacrificio diario de dos corderos era un recordatorio constante de que el pecado seguía presente. La sangre animal podía "cubrir" (kafar) la transgresión temporalmente, pero era una señal de que el sistema era insuficiente para liberar el espíritu humano de forma definitiva. David vio más allá de los velos del Tabernáculo y entendió que la verdadera dicha no es nunca haber pecado, sino ser aquel a quien el Creador decide no imputarle su rebelión.

EL CONCEPTO DE BIENAVENTURANZA "Bienaventurados son aquellos cuyas transgresiones de la Toráh son perdonadas y cuyos pecados son cubiertos. Este es el estado del hombre a quien Yahuah no le imputa pecado; una posición legal otorgada no por mérito, sino por la decisión soberana del Padre ante la Amuná del individuo."

Esta imputación de justicia es lo que permite que un pecador arrepentido sea visto como un hijo amado mientras aún transita su proceso de santificación. Es la liberación del fardo legalista que intentaba asfixiar a los creyentes en Roma, recordándoles que su estatus de "justos" está anclado en la misericordia de Yahuah y no en su propia infalibilidad.

5. Cronología de la Salvación: ¿Circuncisión o Fe? (Vs. 9-12)

Para desmantelar la jactancia de los sectores más conservadores de los judíos en Roma, Shaul utiliza un argumento cronológico irrefutable: Abraham fue justificado mucho antes de ser circuncidado. La pregunta técnica es: ¿Recibió la declaración de justicia en estado de peritomé (circuncisión) o de akrobustia (incircuncisión)?

La historia bíblica confirma que pasaron años entre la declaración de Génesis 15 y el pacto de la Brit miláh en Génesis 17. Este hecho es un golpe devastador al orgullo religioso. La circuncisión no fue la causa de su justicia; fue el sello de una justicia que ya poseía por la fe. Un sello se coloca sobre un documento ya redactado para validar su contenido; el sello no escribe el texto.

Acontecimiento

Estado de Abraham

Impacto Teológico

Declaración de Justicia

Akrobustia (Incircuncisión)

Demuestra que la fe es el único acceso a la justicia de Yahuah.

Mandato de la Brit miláh

Peritomé (Circuncisión)

Actúa como un sello o señal externa de una transformación interna previa.

Paternidad Universal

"Abba" de todos

Establece a Abraham como padre de los incircuncisos con fe y de los circuncisos con fe.

Por lo tanto, la circuncisión es un mandamiento de respuesta, no de entrada. Este orden cronológico abre la puerta legal para que todas las naciones se acerquen al Creador sin necesidad de pasar primero por un ritual físico para ser considerados "justos" a los ojos de Yahuah.

6. El Heredero del Mundo y las Dos Casas (Vs. 13-16)

La promesa de que Abraham sería "heredero del mundo" no fue vehiculada a través del código legal de la Toráh, sino a través de la justicia de la fe. Este matiz es el que permite la reconciliación de las "dos casas" de Israel: la Casa de Judah (la circuncisión) y la Casa de Efraín (los dispersos entre las naciones, la incircuncisión).

La Amuná es el denominador común que une a ambos grupos. Shaul lanza una advertencia crítica: si la Toráh fuera el único criterio de pertenencia y salvación, la promesa sería hoy nula e inalcanzable. Debemos considerar la realidad física: más del 60% de los mandamientos de la Toráh requieren la existencia de un Templo en Jerusalén y un sacerdocio levítico activo. Sin el Templo, el sistema está "en suspenso". Si la salvación dependiera de viajes obligatorios a Jerusalén —cuyo costo hoy superaría los miles de dólares por persona- y de sacrificios físicos, toda la humanidad estaría perdida.

Sin embargo, a través de Yahusha, el sacerdocio ha sido retomado en un orden superior. La promesa a Abraham sigue vigente porque no depende de estructuras de piedra, sino de la fe. Abraham es el padre de todos porque la promesa fue global. Esto permite que el "Verdadero Israel" se componga de aquellos que, como Efraín, regresan de las naciones para ser injertados en el olivo natural a través de la fe, guardando los mandamientos no para ser salvos, sino porque ya han sido rescatados.

7. Amuná (FE): Creer contra toda Esperanza (Vs. 17-22)

La naturaleza de la Amuná (fe) de Abraham se revela en su capacidad de mirar más allá de la muerte física. Al considerar su cuerpo de cien años como "casi muerto" y el vientre de Sara como una tumba estéril, Abraham no se debilitó. Él no evaluó las probabilidades estadísticas; él evaluó el carácter de Aquel que hizo la promesa.

La fe es creer en algo que no tiene sentido para la lógica del mundo o para los deseos de la carne. Para el intelecto humano, es absurdo creer que un hombre murió y resucitó para otorgar vida eterna. Sin embargo, la Amuná es la confianza total en Yahuah, que "llama a las cosas que no son como si fuesen".

La fe no es una carga legalista; es una respuesta de amor incondicional. Abraham no obedeció a ciegas por temor a un castigo, sino por una persuasión interna de que Yahuah era capaz de cumplir lo imposible. Esta "fidelidad" es lo que lo convirtió en el "amigo de Yahuah". Para nosotros, el desafío es el mismo: ¿Miramos la "muerte" de nuestras circunstancias o la gloria de la promesa? La fe es el salto que se da no porque sepamos la altura, sino porque conocemos a Quién nos sostiene al caer.

8. El Misterio de la Sangre y la Resurrección (Vs. 23-25)

Finalmente, Shaul conecta la experiencia patriarcal con nuestra redención en Yahusha. Existe una distinción teológica que es el corazón de este estudio y que suele ser ignorada: la diferencia funcional entre la sangre y la resurrección.

Entendamos esta afirmación: “La sangre de Yahusha no nos salva por sí sola; nos limpia; es su resurrección la que nos justifica". Esta secuencia es vital para nuestra soteriología (doctrina de salvación). La sangre es el agente purificador que lava nuestras transgresiones voluntarias —es la marca en el umbral de la puerta en la Pascua que detiene al destructor—. Sin embargo, si Yahusha solo hubiera muerto, tendríamos un sacrificio de expiación, pero no una victoria sobre la muerte. Es su resurrección la que nos otorga el estatus legal de "justos" y nos abre el camino para habitar en los cielos.

La Orden Apropiada de la Caminata de la Fe:

  1. Amuná (Fe/Confianza): El acto interno de creer plenamente en el sacrificio del Cordero y en la palabra de Yahuah.
  2. Justificación: El acto soberano y legal donde Yahuah nos declara justos basándose en la resurrección de Yahusha.
  3. Señal/Sello (Obediencia/Toráh): El fruto externo y posterior. La Toráh se convierte en nuestro "libro de etiqueta" del Reino, nuestro manual de instrucciones para vivir en santidad por amor a Aquel que ya nos salvó.

9. Reflexión Final: El Desafío de la Obediencia por Amor

Al concluir este desglose de Romanos 4, nos enfrentamos a una realidad inquietante. La religión a menudo nos ofrece dos caminos falsos: el extremo de espiritualizarlo todo hasta volverlo irrelevante, o el de literalizarlo todo hasta convertirlo en un fardo insoportable de rituales sin espíritu. El camino de Abraham, sin embargo, es el equilibrio del cielo en la tierra.

Debemos comprender que la Toráh es nuestro mapa y nuestro discipulado, pero nunca nuestra moneda de cambio. No obedecemos para que Yahuah nos ame; obedecemos porque Él nos amó primero. Si el sistema externo del Templo cayó y el espíritu del anti-Mesías intentó corromper la ley, fue para que entendiéramos que nuestra ancla está en lo invisible y eterno.

Nosotros, como herederos de esa promesa, debemos preguntarnos con honestidad brutal: ¿Estamos siguiendo el orden de Abraham o estamos intentando comprar nuestra entrada al Reino con una lista de chequeo vacía? La salvación es un regalo de valor infinito que se recibe por fe, pero es una fe que, si es genuina, nos llevará inevitablemente a abrazar la instrucción del Padre con alegría. No busquemos excusas para la desobediencia bajo el manto de la gracia, ni busquemos méritos en la obediencia bajo el manto del orgullo. Caminemos en la Amuná que no mira las circunstancias muertas, sino la vida que emana de la resurrección de Yahusha.

 

Fuente de la enseñanza

Esta entrada se basa en una enseñanza compartida por el Pastor Yoshiyahu Ben Moshé de Azeredo a través del siguiente material audiovisual (en portugués e inglés)

▶️ Título del video: Dissecando Romanos 2.0 - Parte 5: A Ordem Apropriada da Caminhada da Fé (Capítulo 4)
📺 Plataforma: YouTube

 


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Pastor Yoshiyahu Ben Moshé de Azeredo

Nota editorial

El contenido de esta publicación forma parte de una labor editorial y divulgativa basada en enseñanzas del Pastor Yoshiyahu Ben Moshé de Azeredo, pastor de la congregación Har Gerizim de YATI en Brasil, bajo la supervisión apostólica y doctrinal del Sholiach- Apóstol Moshé Y. Koniuchowsky.
Este sitio no se presenta como autor ni como autoridad doctrinal, sino como un medio para difundir en español sus exposiciones, respetando fielmente su enfoque y mensaje. Se anima al lector a examinar las Escrituras y a buscar discernimiento delante de Yahuah.

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